Probablemente estás viviendo al revés | Preso de la libertad.

 Libertad





Cuántas décadas podemos pasarnos persiguiendo la libertad sin saber qué es realmente la libertad. Es curioso, ¿no crees?

Está claro que a quien le han vendido una jaula de oro como la mejor vida posible, puede llegar a creerlo. Pero… ¿qué pasa cuando el pájaro empieza a anhelar algo más? Cuando siente el impulso de fundirse con el paisaje que existe más allá de las rejas, de entrelazarse con el viento.

Ahí es cuando todo cambia. Cuando lo que antes parecía privilegio empieza a sentirse como límite. Cuando el barrote tiene un precio que pesa… y el paisaje deja de tener precio porque empieza a sentirse como vida.

¿Cómo se alcanza entonces lo incalculable? ¿Cómo se sostiene algo que no puede medirse, comprarse ni validarse desde fuera?

Quizá la libertad no sea algo que se consigue, sino algo que se recuerda.

Porque no tiene que ver con romper todas las estructuras externas de un día para otro, sino con empezar a verlas por lo que son. Con cuestionar lo aprendido, lo heredado, lo que nunca elegiste conscientemente.

La verdadera jaula no siempre está fuera. Muchas veces está en las ideas que repites sin darte cuenta, en las creencias que asumiste como propias, en el miedo a salir de lo conocido aunque eso conocido te limite.

Y la libertad… empieza justo ahí.

En el momento en el que dejas de negociar contigo. En el que empiezas a escucharte de verdad, aunque lo que escuches incomode. En el que te permites elegir distinto, aunque no tengas todas las respuestas.

No es un destino. No es un lugar al que llegar.

Es una forma de habitarte.

Y quizás, solo quizás, siempre estuvo ahí… esperando a que dejaras de buscarla fuera

Entonces surge una pregunta incómoda…

¿Cuántas personas están realmente huyendo de la libertad mientras creen que la están viviendo?

Buscándola fuera, entre estímulos constantes, entre días que se llenan para no sentir el vacío. En la fiesta que anestesia, en la calle que distrae, en la pantalla que absorbe, en la realidad virtual que permite ser alguien distinto sin tener que enfrentarse a uno mismo.

En hiperfocos que parecen pasión, pero a veces son solo escape. En actividades que dan placer inmediato, pero no necesariamente presencia. En cualquier cosa que mantenga la mente ocupada lo suficiente como para no escuchar lo que dentro está pidiendo ser visto.

Y no se trata de juzgarlo. Se trata de reconocerlo.

Porque a veces lo que llamamos “vivir intensamente” no es más que una forma sofisticada de no estar con uno mismo. Un intento constante de posponer ese momento en el que el silencio aparece… y ya no hay nada que lo tape.

Y aun así, la libertad sigue ahí.

Esperando no en lo que haces para escapar, sino en lo que ocurre cuando dejas de necesitar escapar.

Porque quizá la verdadera pregunta nunca fue cómo llenar el vacío…
sino qué sucede cuando finalmente te atreves a mirarlo sin huir.

La plenitud no es algo que se persigue fuera.
Es lo que aparece cuando ya no necesitas escapar de lo que eres, de lo que sientes, ni de donde estás.

Y en ese sentido, sí: la libertad y la plenitud están profundamente unidas… pero no como causa y efecto, sino como dos formas de nombrar el mismo estado de presencia.




La libertad no produce plenitud como consecuencia automática, pero sí crea el espacio donde la plenitud puede existir sin depender de escape, distracción o negación.


- Claudia,  ilargia555llena.


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